Así como por arte de magia y con un giro de 180º, después de finalizar mis estudios universitarios en Oviedo (Astruias), comenzó un viaje en el mundo del jamón de la forma más inesperada que os podáis imaginar.

Empezó en la trastienda de una charcutería en Santander, donde comencé ayudando a remodelar el local y picando el humilde picadillo. En aquellos momentos no tenía ningún tipo de conocimiento sobre el mundo del jamón. Con el paso de los días, me surgían muchas preguntas, curiosidades, que han ido encontrando respuestas.

 Observaba por el rabillo del ojo los jamoneros, el corte tan plano que tenían las piezas que parecían pistas de aterrizaje, las joyas que había colgadas en lo alto de las paredes. El papel del cortador era lo que más me llamaba la atención con diferencia. La atmósfera que se genera con el cliente en torno a la mesa del jamón, la elegancia del oficio.

Una vocecilla que estaba mi cabeza decía… “algún día serás tú la que esté ahí”, y esa vocecilla no se equivocó. A pesar de que el camino no fue fácil, acompañado de buenos momentos y de otros no tan buenos, pero que han forjado la persona que soy actualmente, mi forma de trabajo, y mis metas futuras.

“Has cambiado, pajarito. Nada de esto habría pasado de haber dejado Desembarco del Rey conmigo.” Clegane.

“Sin Meñique, Ramsay y el resto, yo hubiera seguido siendo un pajarito toda mi vida.”  Sansa Stark.

Decidí pues, enfocarme de lleno en formarme cual hombre orquesta, a asistir a cursos de corte, en los cuales coincidí con el Campeón de España José Manuel Hidalgo y con del cortador Asturiano Ismael Álvarez, de los cuales aprendí un montón.

En el final del verano de 2018 recibí la llamada del cortador de jamón internacional Carlos Sánchez, CEO de Los Finos cortadores de jamón, y desde ese día comenzó la segunda gran aventura jamonera, capaz de traspasar fronteras.